Génova es una ciudad reservada y orgullosa, no se concede al primero que llega, a quien la atravesa con prisa usándola como punto de marcha hacia playas lejanas.
Génova se deja conocer despacito, como una mujer de amar con un amor que nace lentamente para crecer a desmesura, fuerte y pasional.
Génova entra en el alma de quien la conoce para siempre.
Su belleza está en el clima mágico del Puerto Antiguo, corazón pulsante de la ciudad, puerta que se abre hacia el mundo de más allá del orizonte, hacia ese Mediterráneo grande no por las dimesniones geográficas, sino por ser desde siempre el puente histórico y cultural entre los pueblos, calle de difusión de ideas, fedes, religiones, idiomas y mercancías.
Su belleza está en el semicírculo de las colinas que abrazan la bahía, que hace que sea una de las ciudades más verticales al mundo, un teatro natural delante del mar, con sus palacios suntuosos y las callecitas estrechas de su Centro Histórico, llenas de vida, historia e historias.
Está en su irregularidad geográfica, en sus treinta y cuatro kilómetros de largueza desde levante a poniente, en ser una ciudad policéntrica, donde sus barrios periféricos conservan su individualidad y el caracter de los barrios marineros y agrícolas que por siglos han sido.
Su belleza está en la luz de su golfo y de sus riveras, tierras de sol y viento, coloradas en cada estación por el amarillo de las mimosas y retamas, por el naranja de los mandarinos, por el rojo de las adelfas, por el verde plata de los olivos.
El 2004 ha sido el año de Génova Capital Europea de la Cultura.
Pero no es una fecha excepcional, las relacciones entre Génova y la cultura, siempre han sido fuertes. Baste recordar que aquí nacieron Cristobal Colón, Nicolò Paganini, Giuseppe Mazzini, Eugenio Montale, Fabrizio De Andrè, Emanuele Luzzati y Renzo Piano, para comprender que la cultura está en el aire que se respira. Innumerables son las obras maestras que los genoveses han producido sea viajando por el mundo que llamando a trabajar en Génova los grandes nombres del arte y de la arquitetura. Así hoy nosotros podemos admirar el resplandor de los palacios, de las iglesias, de las villas nobiliarias, de los tantos museos en los cuales resaltan las obras de Van Dyck, Rubens, Perin del Vaga, el Grechetto y de los grandes pintores del Seiscientos genovés, como Valerio Castello, Alessandro Magnasco y Bernardo Strozzi.
Hoy Génova produce cultura en su Universidad de secular tradicción y en los modernos centros de búsqueda física, médica y tecnológica; en sus teatros de prosa y en el Teatro de Ópera Carlo Felice. Génova es también una ciudad musical: La “escuela genovés” de los cantautores se encuentra ya en la historia de la música italiana; y son muy numerosos los locales para tocar y escuchar música y para bailar.
Teatro y música no son solo arte y cultura, son también ocasiones de diversión para genoveses y turistas que acuden por las noches en los locales públicos de la ciudad, en busca de buenos restaurantes, de aperitivos deliciosos, de las últimas películas y de espectáculos veraniegos al aire libre en el incomparable excenario de los parques de Nervi sobre el mar.
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